Las series conmemorativas españolas
En el año 1905 se puso en circulación en España una serie de diez valores celebrando el III Centenario de la edición del Quijote. Se trataba de la primera serie conmemorativa de España, y una de las primeras del mundo. Ello motivo que no pudieran ser utilizados en la correspondencia internacional, ya que el Tratado de la Unión Postal Universal de Washington de 1897 disponía que no fueran válidos para el correo internacional los sellos emitidos con un fin especial y propio del país emisor, “tales como los llamados conmemorativos, cuya validez es transitoria”.
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Y tan transitoria era su validez que los mismos sólo podían adquirirse en Madrid, aunque pudieran utilizarse en cualquier lugar de España, pero limitada su validez postal al breve período del 1 al 15 de mayo de 1905.
Los sellos fueron grabados por Bartolomé Maura, pero el dibujo deja mucho que desear, estaba poco perfilado, los colores eran muy pálidos y la mala calidad del papel hacía que aun resultaran muy confusos.
La prensa filatélica arremetió contra ellos, por considerarlos una especulación, catálogo hubo que no los recogió de momento, y si lo hizo fue con una nota infamante por las características de tener validez sólo quince días y venderse sólo en Madrid.
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Peor suerte corrió la serie dedicada al a Exposición Industrias de Madrid. Impresa en calcografía en los Talleres López de Madrid a partir del grabado de Enrique Vaquer, existen grandes dudas sobre la clasificación de estos sellos. La real Orden del 14 de agosto de 1907 autoriza esta emisión, que solo tendría poder de franqueo entro del recinto de la exposición y que, para no perjudicar al tesoro, todas las cartas entregadas en la estafeta de correos de la exposición y en las que el público únicamente adhería estos sellos especiales, fueron después reintegradas en la propia estafeta con sellos del estado, para que el comité de la exposición abonase al estado el importe de los sellos empleados para el franqueo y que quedasen en beneficio de la exposición los que se vendieran y no se utilizaban para el franqueo.
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Años después, el 22 de abril de 1914 la Gaceta de Madrid publicó un Real Decreto por el que anunciaba una serie de eventos oficiales en conmemoración del tercer centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. Una de estas decisiones era la emisión de una serie de sellos conmemorativos. El estallido de la guerra europea suspendió esos planes, sin embargo, un grupo de escritores encabezado por Manuel Bueno, miembro del Parlamento español, ordenó a la imprenta londinense Bradbury Wilkinson & Co. la impresión de un conjunto de ocho sellos, con cuatro motivos diferentes. Los sellos nunca tuvieron la aprobación de los responsables de correos por lo tanto debe considerarse como etiquetas privadas. Solo se utilizaron los días 22 y 23 de abril de 1916 en la correspondencia enviada por los miembros del parlamento y del Senado, un gesto inútil, ya que gozaban del privilegio de una franquicia oficial. Además, la existencia de errores de impresión deliberados corrobora el estado especulativo de estos sellos.
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Otra serie conmemorativa se puso en circulación el 16 de octubre de 1920, con motivo del VII Congreso de la Unión Postal Universal. Inicialmente se vendió también sólo en Madrid y tuvo validez postal mientras duró el Congreso, tanto en el interior como en el exterior, y al finalizar aquél el sobrante existente de los sellos impresos se distribuyó por toda España y conservó su validez de franqueo sólo en el interior.
En 1926 comienza un verdadero aluvión de series de sellos emitidos con mayor o menor justificación, si bien este hecho no era privativo de España, sino que respondía a una corriente europea generalizada por esas fechas. Las series de Camoens, Castelo Branco o Independencias, todas de Portugal con numerosísimos valores; o las de Huérfanos y Caja de Amortización de Francia; y Orval y Cardenal Mercier, de Bélgica, con fuertes sobretasas; lo mismo que las de Manzoni, Monte Cassino y Virgilio, de Italia.
En Alemania el sistema fue distinto, pues los sellos con los diseños de los escudos de los antiguos estados se vendieron al doble del valor facial; y en Austria las magníficas series de músicos, poetas, pintores o ciudades, verdaderas maravillas de la calcografía, se vendieron igualmente entre dos y diez veces el valor facial.
En la década de los años 20, cuatro grandes casas se repartían el negocio de impresión de sellos y billetes en todo el mundo, en muchas ocasiones compitiendo con las fábricas nacionales. La American Bank Note Co. de Nueva York y las británicas Thomas de la Rue & Company, Bradbury Wilkinson & Company Ltd. y Waterlow & Sons Ltd, todas ellas establecidas en la ciudad de Londres.
En el periodo 1926-1930 se pusieron en circulación varias series de sellos. Waterlow & Sons Ltd, intervino en alguna de estas emisiones que, creadas con carácter conmemorativo o con fines benéficos, resultaron ser fuertemente especulativas. En este tiempo se pusieron cronológicamente en circulación las siguientes nueve series, en las que he indicado el período de validez de los sellos respectivos así como el número de sellos tipo que componía cada serie:
| AÑO | EMISIÓN | PERIODO | DÍAS | SELLOS |
| 1926 | Cruz Roja | 15-17 septiembre | 3 | 24 |
| 1927 | XXV Aniv. del Reinado de Alfonso XIII | 17 mayo | 1 | 53 |
| 1928 | Pro Catacumbas | 23 Dicbre. – 6 enero | 15 | 32 |
| 1929 | Expo. Sevilla – Barcelona | 15-17 febrero | 3 | 20 |
| 1929 | Sociedad de Naciones | 10-16 junio | 7 | 14 |
| 1930 | Congreso de Ferrocarriles | 13-15 mayo | 3 | 20 |
| 1930 | Quinta de Goya | 15-17 junio | 3 | 32 |
| 1930 | Descubrimiento de América | 29 sept. – 1 octubre | 3 | 35 |
| 1930 | Clausura Exposición Sevilla | 10-12 octubre | 3 | 26 |
En mayo de 1930, cuando ya se habían emitido seis series especulativas, la Sociedad Valenciana de Filatelistas publicó en la prensa diaria de aquella población -y algunos diarios de Madrid la reprodujeron- una carta condoliéndose de que, en esa ocasión, tampoco en Valencia se hubiesen expendido los sellos creados con motivo del Congreso Internacional de Ferrocarriles. Se decía que, al parecer, los filatelistas españoles se iban dando cuenta de que las continuas emisiones especulativas de sellos, que de poco tiempo a esa parte habían aparecido en España, llevaban trazas de acabar primero con su dinero y luego con su afición. Seguidamente calificaba estos sellos como estampitas y manifestaba que en los últimos tres años se habían editado más de 160 sellos tipo «Y no hablemos de las mil y una fantasías y variedades a que están dando lugar, la mayoría de las cuales se cotizan a precios elevadísimos» tales como sellos sin dentar, con colores cambiados, con perforaciones parciales, etc.
Pero no es sólo el coleccionismo quien habla así. Mauricio Sisó en “El Eco Filatélico” de 1 de abril de 1965, al comentar la vida filatélica española en 1945 dice: «El prestigio filatélico de España estaba por los suelos, debido a los desafortunados manejos de las series conmemorativas de los años veinte, que antes de 1936 se encontraban en cualquier cantidad muy por debajo del facial». Y don Carlos Lenze, en sus comentarios al catálogo Yvert 1953, respecto a los sellos sin dentar muestra su asombro en cuanto a la presencia de los mismos en el mercado, para seguir: «Lo que pasa es que los afortunados concesionarios de aquellas series conmemorativas que empezaron a hacer nuestra felicidad a partir del año 1926, tuvieron buen cuidado de procurar que aparte de las cifras controladas (?) de sellos dentados se presentasen a sus inspiradores unas cuantas hojas sin dentar y las diferentes variantes de color que –a lo sumo- pueden considerarse como ensayos, pero nunca como sellos en esta forma emitidos». Dentro del comercio es Don Manuel Gálvez quien opina de forma contraria; en marzo de 1952 publica en «Madrid Filatélico» unos comentarios a una noticia sobre una subasta extranjera, a la que pertenecen las siguientes frases: «Al hacer mención de aquellas «desdichadas emisiones que todos sabemos», se refiere sin duda al período de 1926 a 1936, que en España salieron tantas emisiones conmemorativas, todas ellas justificadas por los acontecimientos memorables a que se referían, glorias de España, que afortunadamente no eran inventadas, sino auténticas y dignas de conmemoración. Además estas emisiones, muchas de cuyos diseños y grabados no han sido superados, estaban en su mayoría impresas de una manera perfecta y el centraje de los sellos era igualmente extraordinario; por todo ello han servido muchísimo de propaganda en el mundo entero, e igualmente han servido para todo lo contrario que insinúa la noticia, o sea para hacer muchísimos adeptos, que se cuentan por centenares de millares los que se han dedicado a coleccionar sellos de España, empezando precisamente su colección por cualquiera de estas «desdichadas emisiones que todos sabemos» y que además cuentan con un futuro excelente, ya que según vaya habiendo más coleccionistas de sellos de España más y más irá aumentando el valor de las mismas.
Durante aquel periodo de 1926 a 1936 aún se presentaron a los Gobiernos de aquella época muchos otros más proyectos para efectuar emisiones, y siempre que el comercio filatélico era consultado con anterioridad, este manifestaba la repulsa a hacer tantas emisiones consecutivas».
A pesar de estas manifestaciones y del prestigio que gozó Don Manuel Gálvez en el extranjero, el catálogo Scott, considerado como la Biblia del coleccionismo norteamericano, hace figurar una nota después de la emisión conmemorativa del descubrimiento de América, cuya traducción es esta: «Estos sellos fueron emitidos privadamente. Sus promotores entregaban cierta cantidad de estas etiquetas a las autoridades postales españolas, quienes las ponían en venta y permitían que circulasen durante tres días, reteniendo el producto obtenido de la venta». Esta nota es también aplicable a los sellos de Exposiciones Sevilla-Barcelona, Quinta de Goya, Clausura Exposición de Sevilla, Asociación de la Prensa, Cruz Roja, XXV Aniversario del reinado de Alfonso XIII y Pro catacumbas. Se conocen muchos llamados «errores» de color y de dentado». En la hoja de archivo de la casa Waterloo aparece una nota con el siguiente texto: «For some unexplained reason most values had an additional 20 sheets printed in different colours. Colours sheets of these are included after the standard sheets of each value». («Por una inexplicable razón, muchos valores han tenido una tirada adicional de 20 hojas impresas en colores diferentes. Las hojas de estos colores se incluyen después de las normales de cada valor»). Son los conocidos de manera eufemística con el nombre de errores de color. Debe hacerse constar que el citado catálogo Scott incluye bajo el apartado de «Semipostal stamps», entre otros, los sellos de Cruz Roja, XXV Aniversario del reinado de Alfonso XIII y Pro catacumbas.
Es posible que el descredito internacional moviera al Gobierno a publicar una Real Orden que, a mi juicio, es absolutamente reveladora de la situación. Dice así:
MINISTERIO DE HACIENDA
Real Orden
Núm. 526
Ilmo. Sr.: El servicio de Correos es de carácter oficial y privativo del Estado, y los sellos que se utilizan para el franqueo de la correspondencia constituyen efectos timbrados pertenecientes a la Renta que administra la Compañía arrendataria de Tabacos, siendo por lo tanto el Estado el único que debe realizar las emisiones, por medio de su órgano adecuado, que es la Fábrica de la Moneda y Timbre, sin que este servicio deba encomendarse o cederse a particulares bajo pretexto alguno. Esto no obstante, se han concedido algunas veces, con fines benéficos unas y con motivo de la conmemoración de hechos gloriosos otras, la emisión de tiradas especiales para sustituir a las oficiales durante un número de días previamente fijado, pasado el cual se entrega el resto no utilizado de la emisión para que esta pueda venderse a los coleccionistas, quedando el importe de esta venta a favor de la persona o entidad que ha solicitado la emisión y en provecho del fin benéfico o de otro carácter que aquella se haya propuesto.
Ahora bien, tratándose de un servicio a cargo del Estado y constituyendo los timbres de Correos una renta de aquel, no parece lógico el hacer concesiones a particulares que alteren, siquiera sea momentáneamente el régimen Oficial establecido, produciendo además verdaderas perturbaciones no solo en el Ramo de Correos, sino en la Administración y Contabilidad del Estado, aparte de la posibilidad de una defraudación que se facilita más cuanto mayor sea el número de emisiones que se vaya concediendo.
Por otra parte, si estas concesiones no producen perjuicio al Tesoro –salvo la posibilidad de un fraude-, porque los timbres emitidos sustituyen durante un plazo corto a los oficiales y su producto ingresa en su día en las arcas de aquel, tampoco producen utilidad apreciable que compense las perturbaciones y trabajos extraordinarios que originan; quedando el beneficio importante de la emisión –que es la venta del sobrante a los coleccionistas- a favor de una persona o entidad, o del fin benéfico o docente o de otro orden que ésta se haya propuesto, sin que en este beneficio tenga participación alguna el Estado.
Este valor filatélico, adquirido a consecuencia de la circulación oficial consentida y amparada por el Estado, queda todo él a favor del concesionario, cuando en realidad lo justo sería que se compartiera con quien al autorizar la emisión y darle eficacia para el franqueo crea aquel valor; pero tratándose de un servicio privativo del Estado sólo a éste deben aprovechar los productos de toda clase de emisiones ordinarias o extraordinarias y sólo él por lo tanto es el llamado a hacer estas últimas para conmemorar hechos también extraordinarios y siempre con la discreción y mesura que la seriedad de un servicio oficial que trasciende al extranjero debe aconsejar.
Para evitar los inconvenientes expuestos, conviene dictar una disposición que acabe con una costumbre que, de generalizarse, fácilmente degeneraría en abuso; y, en su virtud, S.M. el REY (q.D.g.) se ha servido disponer que en lo sucesivo y salvando las concesiones hechas hasta la fecha, solo emitirán los timbres de Correos y Telégrafos que previa aprobación de los modelos, ejecute la Dirección de la Fábrica de la Moneda y Timbre por cuenta del Estado, en las emisiones ordinarias, y solo éste podrá, cuando lo estime oportuno, hacer emisiones extraordinarias para conmemorar hechos especiales o con otro motivo cualquiera, y él será el único beneficiario del valor filatélico que dichas emisiones puedan obtener, dictándose en cada caso las reglas relativas a las fechas de circulación y venta de los timbres.
Lo que de Real orden comunico a V.I. para su conocimiento y efectos. Dios guarde a V.I. muchos años. Madrid, 9 de julio de 1930.
ARGUELLES[1]
Señor Director General del Timbre.
(Gaceta de Madrid Núm.191 de 10 de Julio de 1930)
[1] Manuel de Argüelles y Argüelles (Madrid, 1875-1945) fue un abogado, político y banquero español, ministro de Hacienda y de Fomento durante el reinado de Alfonso XIII, vicepresidente del Banco Español de Crédito y fundador de una dinastía de banqueros que influyeron en la vida empresarial española hasta finales del siglo XX desde diversos cargos del grupo Banesto.



































Rafael Tegeo (Caravaca de la Cruz, Murcia, 1798-Madrid, 1856) fue un Pintor español. Estudió en la Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia, con José Aparicio, y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, gracias al mecenazgo del marqués de San Mamés.
Mariano Bertuchi Nieto (Granada, 6 de febrero de 1884 – Tetuán, 20 de junio de 1955) fue un pintor español que desarrolló la parte más relevante de su carrera profesional en el protectorado español de Marruecos.
Se le considera el pintor por antonomasia del protectorado, así como el responsable de fijar la imagen de Marruecos en España a partir de mediados del siglo XX.
Sir John Bradbury
La empresa se inició en 1918 con el nombre de «Société des lignes Latécoère» (Sociedad de las líneas Latécoère) y luego (1921-1927) «Compagnie générale d’entreprises aéronautiques» (Compañía General de Empresas Aeronáuticas) y se fue concretando a lo largo de los años 20 bajo el impulso de Marcel Bouilloux-Lafont, quien retomó la línea en 1927 con el nombre, nuevamente, de Compagnie générale aéropostale. Luego de pasar por dificultades financieras la compañía sufre en 1931 una liquidación judicial y finalmente sus activos son tomados por el Estado francés en 1931, e incorporados en el seno de un nuevo conjunto empresarial denominado Air France.
De origen alemán, Seebeck llegó a EE.UU. A los 9 años de edad.